El sexto dia de nuestras peripecias en Kaliningrad empezaron cuando me dispuse a adentrarme en un mercadillo cubierto enfrente de casa en busca de unas bombillas, algo asi como lampachka. Durante el trayecto olvide como se decia el numero 4, asi que me tendria que contentar con extender 4 de mis dedos mientras digo lampachka. El problema fue cuando despues de decirme la cantidad (eso me da igual, porque yo saco un billete suficientemente grande como para que me de cambie, pero no tan grande como para que el timo si me lo quieren hacer sea menor, pero ya os adelanto que aqui la gente no suele timar a los turistas. De hecho en Kiev una mujer nos hizo un cambio de divisa quedandose algo asi como un 1% de comision... cuando estando en un parque a varios km de cualquier cambio de divisas le hubiera pagado hasta un 10% de mas...) y yo pagarle me insiste en algo mas, asi 4 veces... Le indico señalandoo a la caja registradora que me escriba la cantidad y después de hacer uso de los instintos más ancestrales, más típicos del hombre neardental, me entero que quiere 6 rublos más para darme el cambio justo.
La visita de hoy iba a ser la localidad costera de Svetlogorsk. Yulia habia quedado con una amiga de su infancia llamada Alejandra, muy guapa y simpatica por cierto. Todavia quedaban 90 minutos para el proximo tren, asi que preferimos esperar un autobús. El problema es que todos los que pasaban estaban llenos, pero no me refiero al 100% del aforo, sino a algo mas tipico del Madrid Arena, aproximadamente un 50% mas de personas que tenian que quedarse de pie todo el trayecto y eso no era todo, se tenía que entrar a empujones y las carreras para entrar en el bus, eran más típicas de un concierto de Justin Bieber... Como nos queremos un poco, decidimos esperar un par de buses más, pero el resultado era el mismo, así que finalmente acabamos en el zoo de Kaliningrado.
El zoológico no estaba mal. No está tan bien cuidado como por ejemplo, el zoo de Barcelona, pero su precio es tan solo de 150 rublos y 80 para estudiantes, unos 3,75 y 2 euros, respectivamente. Que no esta nada mal para ser Rusia. Por ejemplo, en Kiev el zoo valia 2 euros pero el coste de la vida es mucho menor. Entre las especies que vimos, yo destaco a la cebra empalmada, que afortunadamente o desgraciadamente para las cebras hembras estaba aislada en una jaula separada del resto. También había un tigre siberiano, focas, osos, un lince precioso y algunas otras bestias tipicas de estos parques en los que abundan los niños, aunque mucho más respetuosos que en Barcelona, ya que en mi ciudad los pequeños aporrean las jaulas de cristal donde estan los animales. Otra curiosidad es que en Kaliningrad todos se saltan la norma de "No dar de comer a los animales".
A la mañana siguiente estamos un poco perezosos y queríamos probar de nuevo de coger un tren para ir a Svetlogorsk. En la plaza principal, queríamos reservar mesa en un restaurante llamado "Tabasco" (en otro restaurante de la misma cadena habíamos ido la tarde anterior después del zoológico y la verdad que a pesar de la lentitud del servicio, nos había gustado bastante). Nos dicen que estamos en lista de espera, así que decidimos buscar otro lugar para reservar mesa. Habíamos quedado para ir por la noche con una amiga de Yulia, compañera de violín. Por el camino entramos en una de las iglesias ortodoxas y después entramos en uno de los muchos "Cruasán Café" que hay en la ciudad. Son una cadena de panaderías, bares, restaurantes, todo junto en un mismo local. Decidimos hacer uso del propio nombre del local, así que pedimos cada uno un cruasán y un capuccino (yo) y un chocolate (Yulia). Los precios eran normales 2,25 € el capuccino y 1 € el croissant relleno de mermelada.
Era ya demasiado tarde para ir a Svetlogorsk. Podríamos coger el tren de las 15h pero llegar a las 16h a Svetlogorsk no era muy apetecible, así que nos decantamos por visitar el museo de Ambar. Precisamente esta zona del báltico donde está el Oblast de Kaliningrado es junto con la República Doninicana donde existen los mayores yacimientos de ámbar. Es esa piedra preciosa que da color al color amarillo de los semáforos que tanto te nombran en los manuales de conducción. El origen del ámbar procede de la resina de los pinos que después de millones de años forma estas piedras en las que frecuentemente aparecen restos fosilizados de insectos. El precio del museo si mal no recuerdo estaba en unos 4 euros.
Esa tarde ya empecé a notar el frío, ya que pasamos por delante de un parque que tenía un lago y la temperatura empezaba a acercarse con peligro a los 0ºC. Hasta este momento habíamos tenido mucha suerte, e incluso algun mediodia habíamos llegado a los +7ºC, lo que es un milagro para estas alturas del invierno ruso. Entramos en un parque que tenía el nombre de la exposa de Vladimir Puttin, que por cierto es natural de Kaliningrado. En este parque había una noria pero al final no nos decidimos por subir, hacia algo de frío y tampoco ibamos a ver nada porque estaba todo oscuro.
Cogimos un tranvía (por cierto con Wifi). El precio de los tranvía con el año nuevo habían subido hasta los 12 rublos que son 0,30€ y al llegar a casa cogimos un poco de fuerzas antes de volver a salir, ya que a las 21h habíamos quedado en Tabasco (ya nos habían confirmado que teniamos mesa). En Tabasco pude ver como pasan un sábado noche la juventud de Kaliningrado. Después de más de 3 h en Tabasco y con la ropa con bastante olor a tabaco, los amigos de Yulia nos acompañan en coche hasta la puerta de casa, lo que les agradecimos mucho, ya que eran más de las 12 y la temperatura ya era bajo cero y no habían autobuses funcionando.
La visita de hoy iba a ser la localidad costera de Svetlogorsk. Yulia habia quedado con una amiga de su infancia llamada Alejandra, muy guapa y simpatica por cierto. Todavia quedaban 90 minutos para el proximo tren, asi que preferimos esperar un autobús. El problema es que todos los que pasaban estaban llenos, pero no me refiero al 100% del aforo, sino a algo mas tipico del Madrid Arena, aproximadamente un 50% mas de personas que tenian que quedarse de pie todo el trayecto y eso no era todo, se tenía que entrar a empujones y las carreras para entrar en el bus, eran más típicas de un concierto de Justin Bieber... Como nos queremos un poco, decidimos esperar un par de buses más, pero el resultado era el mismo, así que finalmente acabamos en el zoo de Kaliningrado.
El zoológico no estaba mal. No está tan bien cuidado como por ejemplo, el zoo de Barcelona, pero su precio es tan solo de 150 rublos y 80 para estudiantes, unos 3,75 y 2 euros, respectivamente. Que no esta nada mal para ser Rusia. Por ejemplo, en Kiev el zoo valia 2 euros pero el coste de la vida es mucho menor. Entre las especies que vimos, yo destaco a la cebra empalmada, que afortunadamente o desgraciadamente para las cebras hembras estaba aislada en una jaula separada del resto. También había un tigre siberiano, focas, osos, un lince precioso y algunas otras bestias tipicas de estos parques en los que abundan los niños, aunque mucho más respetuosos que en Barcelona, ya que en mi ciudad los pequeños aporrean las jaulas de cristal donde estan los animales. Otra curiosidad es que en Kaliningrad todos se saltan la norma de "No dar de comer a los animales".
A la mañana siguiente estamos un poco perezosos y queríamos probar de nuevo de coger un tren para ir a Svetlogorsk. En la plaza principal, queríamos reservar mesa en un restaurante llamado "Tabasco" (en otro restaurante de la misma cadena habíamos ido la tarde anterior después del zoológico y la verdad que a pesar de la lentitud del servicio, nos había gustado bastante). Nos dicen que estamos en lista de espera, así que decidimos buscar otro lugar para reservar mesa. Habíamos quedado para ir por la noche con una amiga de Yulia, compañera de violín. Por el camino entramos en una de las iglesias ortodoxas y después entramos en uno de los muchos "Cruasán Café" que hay en la ciudad. Son una cadena de panaderías, bares, restaurantes, todo junto en un mismo local. Decidimos hacer uso del propio nombre del local, así que pedimos cada uno un cruasán y un capuccino (yo) y un chocolate (Yulia). Los precios eran normales 2,25 € el capuccino y 1 € el croissant relleno de mermelada.
Era ya demasiado tarde para ir a Svetlogorsk. Podríamos coger el tren de las 15h pero llegar a las 16h a Svetlogorsk no era muy apetecible, así que nos decantamos por visitar el museo de Ambar. Precisamente esta zona del báltico donde está el Oblast de Kaliningrado es junto con la República Doninicana donde existen los mayores yacimientos de ámbar. Es esa piedra preciosa que da color al color amarillo de los semáforos que tanto te nombran en los manuales de conducción. El origen del ámbar procede de la resina de los pinos que después de millones de años forma estas piedras en las que frecuentemente aparecen restos fosilizados de insectos. El precio del museo si mal no recuerdo estaba en unos 4 euros.
Esa tarde ya empecé a notar el frío, ya que pasamos por delante de un parque que tenía un lago y la temperatura empezaba a acercarse con peligro a los 0ºC. Hasta este momento habíamos tenido mucha suerte, e incluso algun mediodia habíamos llegado a los +7ºC, lo que es un milagro para estas alturas del invierno ruso. Entramos en un parque que tenía el nombre de la exposa de Vladimir Puttin, que por cierto es natural de Kaliningrado. En este parque había una noria pero al final no nos decidimos por subir, hacia algo de frío y tampoco ibamos a ver nada porque estaba todo oscuro.
Cogimos un tranvía (por cierto con Wifi). El precio de los tranvía con el año nuevo habían subido hasta los 12 rublos que son 0,30€ y al llegar a casa cogimos un poco de fuerzas antes de volver a salir, ya que a las 21h habíamos quedado en Tabasco (ya nos habían confirmado que teniamos mesa). En Tabasco pude ver como pasan un sábado noche la juventud de Kaliningrado. Después de más de 3 h en Tabasco y con la ropa con bastante olor a tabaco, los amigos de Yulia nos acompañan en coche hasta la puerta de casa, lo que les agradecimos mucho, ya que eran más de las 12 y la temperatura ya era bajo cero y no habían autobuses funcionando.
